Yo soy yo

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Enrique Olcina Juliá
Hace tiempo que me definí como una persona básicamente buena y eso provocó la hilaridad de ciertas personas, que, desde un punto de vista hoebbesiano creen que el hombre es un lobo para el hombre. Considerando que los lobos viven en manadas y la mayoría de las veces son muy civilizados ... soy un lobo solitario y bastante educado. Vamos a dejarlo así. Confío en la bondad de mis congéneres y he aprendido a no hacer caso a habladurías pero tampoco a desecharlas de inmediato. He crecido con amor y bofetadas (¿y quién no?) y creo que me he llevado mi parte alícuota de deseo, aventura, lágrimas, tristezas, desencantos, triunfos, vindicaciones y alegrías. Un tipo normal que suele usar vocablos de cuatro sílabas, nada más. Soy optimista, ma non troppo. Tiendo a pensar que las cosas tienen remedio. En las inmarcesibles palabras de Sofía, el personaje de "lalola": "Después de seis meses en que un grupo de niñas me quitara todos los días el bocadillo en el recreo dejé de pensar que las madres de las pobres no les preparaban el bocadillo y empecé a pensar si en realidad no eran un poco hijadeputas". Pues eso...
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lunes, diciembre 11, 2006

¡Qué discreto todo!


Con todas las reservas, porque aunque digan que este texto es de Perez Reverte, no se si es de Perez Reverte o se lo han atribuido. Que yo no digo que PR no sea capaz de escribir un texto como este, que lo es. De todas maneras aqui se encuentra el texto integro, sin tocarlo como lo voy a tocar yo ahora.

La pieza trata sobre las reflexiones que al autor le produce la contemplación de una pareja gay en Venecia. Veamos. Comienza Perez Reverte con un despertar al mundo:


Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia.


¿Rollo estamos rodeados? No, es una manera como otra cualquiera de empezar un artículo. Por algún sitio tienes que comenzar ¿no?. O quizá si, si sea estamos un poquito rodeado porque sigue ...

Los encuentras caminado por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo.


Estamos por todas partes. Por rios y veredas, por prados y praderas ...Seguimos ....


No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.


Destaco adjetivos: discreta, tranquila, aspecto educado, gestos comedidos, reparto convencional (hmmm, un poco difícil aquí, no sabiendo si se refiere a la convención de costumbre o a la convención, acuerdo, entre dos personas, yo creo que es la segunda) ternura contenida, inmovilidad, silencios... todo tan superdiscreto y tan megasilencioso que es raro como Perez Reverte se ha dado cuenta, que cualquiera pensaría que es una excursión de una clase donde casi todos son hombres y van de dos en dos, para no hacer bulto. De ahí quizá que Perez Reverte se de cuenta ahora de la cantidad de homosexuales que hay por Venecia, que, como todo el mundo sabe, está en Italia, que como todo el mundo sabe es la nación del armario.


Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los ví cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia.
Cuarentones sentados uno al lado del otro, con esa emoción contenida en un día frio, cambiando una sonrisa parecida a un beso o una caricia. Pero no un beso o una caricia.

Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa.
Que desde luego que parcos que son ellos, y todos los discretos por extensión, porque por una simple puesta de sol estan siendo las horas amargadas de la adolescencia que ahora viene a describir ....

Largas adoslescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad. La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una he
rmosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara


Aquí, mira, ha estado más que acertado. Chapeau.

Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.


Bien, ya estamos con el tópico, de nuevo. Hay otro mundo, evidentemente, fuera de eso, y para eso nos sirven los rayos ultrarosas, que no es ningún poder sino esos mensajes subliminales que nos vamos lanzando quienes somos semejantes.

Mensajes subliminales que se codifican y refinan cuando la semejanza puede implicar un cambio total de careto del que llevas en el carnet de identidad, claro. De todas maneras, la sala x y la revista de contacto no son exclusivas del mundo homosexual ¿eh?. Que la cutrez de la heterosexualidad no sólo está en el Bürda.

Bueno, no es por criticarle el parlar politicamente incorrecto, pero la noche gay no es sólo eso. Le animo a darse la vuelta por algunos bares. Y son bares como los de los heterosexuales, donde se va a ligar, a quedar con los amigos, a ver, a cotillear, a ahogar penas, a darle la murga al camarero, a no aburrirse o a aburrirse convencionalmente. Musculocas empastilladas, locas heterosexuales y dragqueens espirituales están a ambos lados de este proceloso Missisipi, huckelberry friend .... Y conozco de primera mano musculocas empastilladas muy inteligentes que hacen un uso correcto de ese tipo de sustancias, mucha loca con la que me divierto mucho y de buen rollito y algunas drag queens con un sentido de la vida que para si quisieran muchos hombres que hubieran querido ser reyes.


A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama.
Au contraire. A mi se me va la mente a aquellos que se han quedado en la cuneta, encerrados en sus miedos o muertos, a propia mano o a ajenas, por todo lo arriba indicado. Somos supervivientes, Perez Reverte, porque hemos aprendido, por nosotros o por persona interpuesta, que el odio no conduce a nada y que la verdad, expresada de manera discreta o ruidosa, nos hace libres.

Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura. Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo.

Muy bien, de acuerdo en todo, pero el "sin estridencias" es un poco sintomático


Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuantos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.

Bonito final. No es por criticar, es que no voy a criticarlo. Sólo un punto de reflexión, y es posible que sea yo el llamado a engaño, después de todo. Toda la paleta de adjetivos va hacia los tonos pastel apagados, que es posible que sea ideal para un glorioso Canaletto, no lo se, pero es cierto que no deja sino entrever esa idea de que -insisto, a lo mejor estoy equivocado- hay una parte del heterosexual mundo de Perez Reverte, y por extensión de todos sus lectores que nos quiere discretos, educados, comedidos, convencionales, contenidos, inmoviles, silenciosos, sonrientes, camuflados, no estridentes y que no se nos note demasiado.

Pero de todas maneras, Perez Reverte, gracias. Tú le hablas mejor a tu público de lo que le podría hablar yo, y a ellos esto seguro que les hace pensar. Algo es algo

1 comentarios:

javi (mu) dijo...

Si es de Perez Reverte, lo publicó ya hace bastante tiempo en XL Semanal (no se si entonces se llamaría asi)