Quizá si el gobierno del PP hubiera hablando más con el cerebro que con las gónadas, otro gallo nos hubiera cantado. Pero si García Martínez hace memoria verá que eso era imposible
Se equivoca García Martínez al afirmar que el Trasvase del Ebro hubiera venido aquí con relativa paz. Desde el inicio de las hostilidades, justo cuando el entonces ministro de Agricultura, en Septiembre del 2000 decía, en Jumilla, que el Plan Hidrológico salía por cojones, pasando por las lindezas verbales que su Ramonluis le dedicó a Maragall con aquello del Trasvase del vino y siguiendo por la catarata de recursos interpuestos a su construcción en todas las instancias –y las interpuestas a su derogación en todas las instancias- la cuestión del
Ebro-Segura ha sido de todo menos pacífica desde el principio.Pero es que, Sr. García Martínez, fuimos y seguimos siendo peones en una estrategia política que no nos beneficia como murcianos, y es la de aparecer en primera línea de la confrontación. Cuando se trata de descalificar el Trasvase, nos sacan los colores con los campos de golf, a los murcianos. Quizá fuera porque, aguerridos nosotros, pusimos a nuestros agricultores en la primera línea de pancarta, clamando agua por un campo que se estaba secando. Si pretendemos convencer a las regiones donantes de la necesidad de un travase para un desarrollo, este tendrá que ser sostenible, o al menos no expoliador, porque volverán a sacarnos los colores con macrourbanizaciones a la vera de lo que antes era costa virgen (o paraje protegido, por ejemplo, La Zerrichera). O a Valencia con una ley del suelo contestada por la UE
Quizá si el gobierno del PP hubiera hablando más con el cerebro que con las gónadas, otro gallo nos hubiera cantado. Pero si García Martínez hace memoria verá que eso era imposible. Desde la segunda legislatura del PP a Aznar se le olvidó lo que le había llevado al poder, eso precisamente que hace las cosas más pacíficas y se llama pacto, negociación, compromiso, y si, diálogo. Y esa soberbia ha conducido a sus sucesores al ostracismo del que no saldrán, al menos, hasta las próximas elecciones.

