La muerte del general, dictador, presunto genocida y presunto ladrón chileno, Augusto Pinochet nos pone a los españoles frente a nuestros propios fantasmas de presuntos o declarados genocidas y ladrones, generales y dictadores propios en casos no resueltos de nuestra propia historia. Aunque esa mirada al espejo, se ve, es distinta y afecta a unos más que a otrosManuel Fraga Iribarne, senador, padre de la Constitución y político ilustre de la derecha española se ha descolgado con la sorprendente aseveración de que Pinochet "podía haber cometido algunos excesos pero, en principio, dejaba un país mejor de lo que se lo había encontrado". Y los excesos los atribuye a la condición de militar de Pinochet. No calificaría yo un país con 3.000 desaparecidos, muchos exiliados, una profunda división interna, libertades fundamentales suspendidas durante 18 años y heridas aún abiertas, como un país "mejor de lo que se lo había encontrado", por mucho que la situación económica y las politicas de reforma y liberalización hicieran las delicias de la escuela de Chicago. Ese mismo tipo de razonamiento aplicado a otros criterios de población permitiría justificar la dictadura de Fidel Castro -por su alto índice de alfabetización, por su extensión universal de la sanidad- frente al gobierno corrupto, dictatorial y caótico de Batista, pero evidentemente no lo vamos a hacer.
Sin embargo, esa manera de ver las cosas de Manuel Fraga es extrapolable a la manera que tiene la derecha española de ver la dictadura de Franco. Claro, entonces se explican muchas cosas, como que al ver atacadas sus más fundamentales creencias sobre este tema es por lo que el PP denuncia que el gobierno del PSOE pretende resucitar las dos Españas y ganar en los libros de historia la guerra que se perdió en el 36 (¿perdón?, ¿quién, al hablar de vencedores y vencidos, está resucitando aquí las dos Españas?). Esa ley, que tanto se critica, lo único que pretende es articular la búsqueda de víctimas no contabilizadas de la Guerra Civil y de la represión posterior que existió, eliminar los símbolos supérfluos de la anterior dictadura , convertir la historia en una lección para todos, y limpiar el nombre de quienes fueron condenados injustamente
Pero si el PP no quiere que le toquen su memoria, cuando le obligan a recordar sus propias actuaciones es peor. Cuando se enfrenta su actitud insolidaria y partidista en esta tregua de ETA y con ellos en la oposición, a su actitud dialogante y presta a hacer concesiones en la tregua anterior de ETA,con ellos en el poder, se ponen muy mal. Y cuando se enfrenta su labor de oposición ahora, con la actitud de la oposición y de todos los medios de comunicación en la tregua del 98, todo ello pulcramente empaquetado, sin imágenes falsas o ajenas al asunto, en un video del PSOE, el Sr. Rajoy, ex ministro de varias carteras y presunto hombre de Estado, dice que el video es una bofetada.
La bofetada es un remedio de urgencia que, como todo el mundo sabe, se usa con las personas en un estado transitorio de enajenación e histeria para que vuelvan en si. Aunque para los partidos, como el PP, histéricos ante la Historia -reciente y contemporánea, nacional y universal- todavía no ha probado ese remedio de urgencia su eficacia

