
Nadie esta obligado a declarar sus gustos sexuales y tiene derecho a que su vida privada y su honor se respeten. Frente a esos derechos nos encontramos con que cada vez mas se nos informa sobre los vaivenes sentimentales o los mas nimios detalles de personajes públicos. Eso sucede, las más de las veces, cuando el personaje público es heterosexual, pero cuando es homosexual el personaje público sólo parece tener "amigos" o "acompañantes" o "amistades muy estrechas", como si, en palabras del propio Signorile, lo homosexual fuera algo grotesco, de lo que no se debiera hablar.
Desde que el primer homosexual moderno, Oscar Wilde, fuera, aparte de acusado y condenado por las estrictas leyes británicas que penalizaban la homosexualidad masculina, descastado tras ser, antes de todo eso, la figura social y literaria más brillante del Reino Unido de finales del XIX, la historia de la propia homosexualidad ha cambiado su rumbo de silencio, ocultación y anonimato al que parecían estar condenados los homosexuales hasta finales de los sesenta, cuando los disturbios de Stonewall fueron la primera piedra derribada de un muro que separaba a la sociedad "normal" de los miembros homosexuales que alternaban, la mayoría de ellos, una vida plácida con otra oculta al otro lado de ese muro. La epidemia del SIDA ha sido otro de los puntos de inflexión de esta historia, sacando a la luz pequeñas tragedias de personas que llevaban una doble vida, mas o menos conocida, y que se vieron atrapados en este supuesto castigo divino, que no es tal, sino una enfermedad mortal en el tercer mundo, parece que camino de ser sólo crónica en el primero. La muerte de Rock Hudson, símbolo sexual de los años sesenta y actuando como tal hasta pocos meses antes de su muerte, en la serie "Dinastía", quizá sea la que mejor ejemplifique el drama de una doble vida. La histérica actitud de la actriz Linda Evans cuando se enteró que dicho actor, que la besó en una escena, tenía el SIDA, epitomizaba también la actitud de una sociedad que aún tenía lo homosexual conceptuado como algo oscuro, perverso e intrínsecamente antinatural y que desconocía, además, las causas de transmisión del SIDA.
En este contexto hay que situar las acciones que emprendió el director de la revista "Outweek", Michelangelo Signorile, al señalar a determinados personajes de la vida pública estadounidense como homosexuales. Entre otros, Malcom Forbes y el primer portavoz civil del Pentágono, Pete Williams en un tiempo en que todavía no regía la regla de "no preguntes, no lo digas" y ser homosexual en el Ejército de los Estados Unidos era causa terminante de expulsión, lo que no dejaba de ser una ironía, que una institución homófoba tuviera como portavoz a un homosexual. El deseo, en sus propias palabras, "de dar un rostro público a la homosexualidad" en un tiempo en que esta era completamente dada de lado. La revista "Time" fue la que acuñó, en 1990, el termino "outing" al criticar la primera actuación de este tipo, tras el fallecimiento de Malcom Forbes, crítica a la que se sumaron el resto de la prensa y de algunos sectores de la propia militancia homosexual. El criterio original del outing era desvelar conductas homosexuales de personas con influencia social, política o económica, que se viera que la homosexualidad no era algo tan grotesco, en palabras de Lord Alfred Douglas, amante de Oscar Wilde, que "no puede decir su nombre".
Desde el otro lado del Atlántico la práctica del "outing" saltó a este. "Outrage!", grupo homosexual activista británico, fue uno de los principales impulsadores del de esta práctica en el Reino Unido. No ya como simple arma para favorecer la visibilidad de los homosexuales sino dentro de una estrategia contra la homofobia. El rasero para realizar un outing a una persona pública no era ya su influencia económica, social o política, sino que esta persona se hubiera pronunciado en contra de la igualdad de la homosexualidad o perteneciera a una institución que lo hubiera hecho.
Una de las "víctimas" de esta actividad fueron la Iglesia anglicana, en principio contraria a la ordenación de sacerdotes homosexuales. "Outrage!" desveló entonces que diez obispos de esa Iglesia mantenían o habían mantenido tal tipo de relaciones y no habían sido apartados de sus cargos. Esta institución varió entonces sus propias posturas e incluso se declaró en contra de los ataques homófobos, lo que en si es un avance. Uno de los obispos señalados como homosexual llegó a Arzobispo de York.
Otro de los casos notables, si bien no estrictamente un "outing" fue el del antiguo Ministro de Defensa del Reino Unido, Michael Portillo, que tras ser derrotado en su puesto de diputado en las elecciones de 1997 que llevaron al poder a Tony Blair, se vio en la imposibilidad de estar en el escenario político más importante del Reino Unido, la Cámara de los Comunes. Sus aspiraciones para suceder a John Major como líder del partido Tory se vieron mermadas frente a William Hague, no sólo porque Portillo no tenía un asiento en los Comunes sino también por sus posiciones políticas demasiado inclinadas a la derecha.
Michael Portillo encontró una nueva oportunidad de volver a los Comunes con la muerte de uno de los diputados del partido Conservador. Antes de postularse como candidato al comité de su partido de la circunscripción de Chelsea decidió dejar zanjada una cuestión que era un punto negro en su historial conservador: los rumores persistentes sobre su homosexualidad que incluso lo había ligado a un colega de Gabinete cuando fue Ministro de Defensa. Confesó que había tenido relaciones homosexuales mientras estudiaba en Cambridge, aunque sus declaraciones fueron muy matizadas por su antiguo amante en dos sentidos: que él no había sido el primer hombre en la vida del futuro diputado, que a la sazón contaba con veinte años, y que las relaciones se extendieron más allá de su estancia en dicha Universidad, casi antes de que Portillo contrajera matrimonio. El líder más carismático de la derecha inglesa no tuvo más problemas de los esperados en ganar las elecciones parciales a la circunscripción de Chelsea, asiento por otra parte seguro. Únicamente tuvo que soportar las acusaciones de hipócrita de Peter Tatchell, presidente de "Outrage!". Portillo, como Ministro de Defensa, se había negado a aceptar homosexuales en el ejercito británico y como diputado había votado en contra de la reforma de la legislación británica que igualaría las edades de consentimiento de relaciones homosexuales y heterosexuales. Esta legislación ponía como límite de edad, en los tiempos de Portillo en Cambridge, los veintiún años.
El antiguo ministro de Defensa, entonces, había salido del "armario", no había sido sacado de él. Hasta que punto esa salida había sido mas forzada que voluntaria queda dentro del campo de la simple especulación. Un dato que nos puede ayudar es que su antiguo amante murió de SIDA pocos meses después de que este realizara las declaraciones al diario "The Times", y aunque había mantenido una postura de silencio hasta entonces no tardó, apenas días, en poner los puntos sobre las íes al lider conservador en un breve artículo en "The Guardian"
A pesar del carisma de Portillo, no hubiera podido hacer esas declaraciones sobre su vida privada y salir indemne políticamente, como ha salido ahora, hace veinte años. Stonewall, la necesaria visibilidad de la homosexualidad a causa del SIDA y, como consecuencia de esto el "outing" tanto por razones de simple visibilidad como por causa de un debate sobre la homosexualidad, han favorecido, junto con otros factores, una mayor tolerancia frente a algo que es un hecho: que la homosexualidad existe.
¿Debe callar, entonces, y no decir su nombre?. Nadie esta obligado a declarar sus gustos sexuales y tiene derecho a que su vida privada y su honor se respeten. Frente a esos derechos nos encontramos con que cada vez mas se nos informa sobre los vaivenes sentimentales o los mas nimios detalles de personajes públicos. Eso sucede, las más de las veces, cuando el personaje público es heterosexual, pero cuando es homosexual el personaje público sólo parece tener "amigos" o "acompañantes" o "amistades muy estrechas", como si, en palabras del propio Signorile, lo homosexual fuera algo grotesco, de lo que no se debiera hablar. Y si bien al criterio primigenio del "outing", la visibilidad e influencia del personaje señalado, se le pueden poner reparos, y graves, el que este personaje público se pronunciara en cuestiones de homosexualidad y lo hiciera en contra, aún a pesar de ser el un homosexual, en secreto, es más razonable. La homosexualidad es un tema profundamente relacionado con lo más íntimo de la persona, y si esa persona además usa su influencia social, de palabra –a través de declaraciones- o por acción –estando presente en una manifestación donde se profirieran insultos contra este colectivo, por ejemplo para apoyar determinadas posturas contrarias a la homosexualidad, aún practicándolas-. Es una cuestión de simple coherencia en el discurso, y no nos parece nada mal cuando a un cargo político, por ejemplo, se le presume integridad pero se descubre que no ha sido tan íntegro, aún cuando lo que haya hecho haya sido legal, o una persona declara su fe inquebrantable en los valores familiares tradicionales y presenta una imagen de familia feliz, pero en realidad mantiene relaciones con una tercera personas, con lo que nos parece que su fe no es tan inquebrantable o sus valores difieren de lo que tenemos conceptuado como tradicional, con lo que, en ambos casos, miente. Es de sentido común que si uno se declara a favor o en contra de algo dentro de un debate, y la igualdad de derechos y deberes de los homosexuales es un debate, va a ser sometido a un escrutinio por su oponente para encontrar fallos en la argumentación, y en estos casos la persona en si, su actitud ante la vida, es una argumentación andante.
¿Debe un homosexual decir que lo es?.¿Debe este amor decir su nombre?. Desde Oscar hasta nuestros días la situación ha cambiado y las palabras de Lord Alfred Douglas ya no son ciertas. Está la opción de callar y no decir nada pero si hablas, como en todo, se te exigirá coherencia
