
Al pasar junto al espejo la mujer suspiró con un acento de nostalgia. Tocó el espejo, suavemente, buscando una incierta frontera, mientras la voz familiar de su marido la reclamaba en la habitación contigua. "Alicia, querida, te estamos esperando". Al volverse, no vio quién consultaba el reloj mientras cruzaba tranquilamente el espejo. Un conejo blanco que, al parecer, no llegaba esta vez tarde.

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