Yo soy yo

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Enrique Olcina Juliá
Hace tiempo que me definí como una persona básicamente buena y eso provocó la hilaridad de ciertas personas, que, desde un punto de vista hoebbesiano creen que el hombre es un lobo para el hombre. Considerando que los lobos viven en manadas y la mayoría de las veces son muy civilizados ... soy un lobo solitario y bastante educado. Vamos a dejarlo así. Confío en la bondad de mis congéneres y he aprendido a no hacer caso a habladurías pero tampoco a desecharlas de inmediato. He crecido con amor y bofetadas (¿y quién no?) y creo que me he llevado mi parte alícuota de deseo, aventura, lágrimas, tristezas, desencantos, triunfos, vindicaciones y alegrías. Un tipo normal que suele usar vocablos de cuatro sílabas, nada más. Soy optimista, ma non troppo. Tiendo a pensar que las cosas tienen remedio. En las inmarcesibles palabras de Sofía, el personaje de "lalola": "Después de seis meses en que un grupo de niñas me quitara todos los días el bocadillo en el recreo dejé de pensar que las madres de las pobres no les preparaban el bocadillo y empecé a pensar si en realidad no eran un poco hijadeputas". Pues eso...
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lunes, julio 28, 2008

Nada es normal


Funcionamos por estereotipos y por imágenes, por cánones, por casillas, por clasificaciones que a veces son entelequias, pero que aceptamos como verídicas porque todo el mundo alrededor nuestro las admite, muchas veces sin pararse a volver a pensarlas, a ajustarlas a la realidad que siempre es cambiante y que cada vez cambia más de manera más vertiginosa. Y eso si que va contra nuestra naturaleza. Me explico.

El homo sapiens es la especie que, por ahora, ha demostrado una mayor adaptación, sólo superada por las de la familia de los Blattodea (cucarachas, vamos) que llevan en este planeta desde hace mas de 300 millones de años. El homo sapiens ha sobrevivido y se ha adaptado con una mezcla de tozudez y versatilidad, con una extraña mixtura de cabezonería y camaleonismo que, hasta ahora, le ha dado resultado en términos generales.

Por eso me resulta curioso que dada la panoplia de situaciones en la que se ha encontrado la especie humana todavía haya especimenes de la misma que eleven la palabra “normal” a la categoría de ley.

Le vengo dando vueltas desde hace días, que yo soy muy lento para digerir las cosas, sobre todo porque en un foro de amigos tengo un debate con otro sobre la indumentaria que debería llevar a un partido de rugby playa … y todo esto porque el año pasado me presenté con un bañador y no con el típico short que sirve para todo.

El bañador tenía dos perneras, me cubría y me servía, con comodidad y a mi gusto, a mi propósito, que era jugar al rugby. Sin embargo a alguno de mis compañeros del equipo de rugby de veteranos de Murcia le parecía demasiado, como decirlo, gay. No era mi intención entonces, ni es ahora, hacer un alegato de la diferencia y la diversidad. Al menos no era mi intención pero una de sus respuestas, más concretamente a mi argumentación que “yo me pongo lo que me sale de los cojones, como haces tú” -me contestó “tendrás que asumir que alguien haga algún comentario jocoso y que existan algunas risas”, ¡qué novedad!- hace que, sin yo quererlo, mi bañador negro a mitad de la pierna, de lycra, se convierta en un alegato. Pues bienvenido sea.

La risa que procede de la burla, como la agresión verbal o la física, en este contexto que estoy comentando, son hijas del miedo que a su vez es hijo de la ignorancia. La ignorancia, que es muy atrevida, huye de cualquier manifestación de respeto y en ausencia de respeto, y como la naturaleza aborrece el vacío sucede la burla, que es una forma atenuada de violencia. Nos reímos de la persona, no con la persona, porque en realidad nos sume en el desasosiego la imagen poco habitual, lo que se sale de la norma, la normalidad, que es la vara de medir y de zurrar, altanera y arbitraria, con la que medimos.

He dicho vara altanera y arbitraria. Es altanera porque es inflexible cuando la aplicamos a terceros y es arbitraria porque queremos que no se nos aplique a nosotros cuando llega el caso. Si, bueno, esto si que es muy humano, pero vamos a tratar de ser civilizados. Resulta que, con toda la razón del mundo, tratamos de que no se nos aplique a nosotros, cuando es desfavorable, porque siempre encontramos causas atenuantes o eximentes de esa regla; sin embargo, cuando la aplicamos nosotros con todo su rigor no entendemos que puedan existir esas circunstancias, aunque las desconozcamos. No es, tampoco, asombroso que tengamos ese mecanismo. La cucaracha tiene uno igual: las estructuras sensoriales que se proyectan hacia atrás desde el abdomen son capaces de detectar movimientos casi imperceptibles del aire; gracias a ellas, las cucarachas pueden emprender la huida ante riesgos potenciales en menos de 0,05 segundos

Así que creo que lo más conveniente es que no apliquemos con tanto rigor el concepto de normalidad, que permitamos y respetemos la tranquila existencia del otro con sus peculiaridades y diferencias, sin que tengamos que desterrar el sentido del humor, claro. Que si no sabemos preguntemos, que es el antídoto más seguro para la ignorancia, y que si aún así no entendemos, mantengamos un respetuoso silencio y si algo nos produce hilaridad tratemos de reconducirlo a la situación y no a la persona.

La normalidad es mucho más complicada de lo que nos contaron nuestros padres, porque nuestra normalidad no es la que vivieron nuestros padres: y quizá sea ahí, precisamente, donde radica todo el problema, como si estuvieramos trabajando con un atlas desfasado, intentando encontrar un camino donde ya no lo hay

3 comentarios:

CARLOS dijo...

Me encanta tu blog!
Un saludo!

Morlanes dijo...

Salu2 Quique,
Permíteme adjetivarte como benevolente y piadoso. La ignorancia es digna de aquellos que cenaron con ella y el miedo no se debe confundir con el instinto de las cucarachas que mencionas pues, para tener miedo, se hace necesaria de una estructura cortical compleja. La normalidad es patrimonio de la “gran mayoría” pero la ignorancia y el miedo no lo son tanto, me explico. Para conocerse ignorante o serlo se hace necesaria una previa introspección, un mirarse al espejo; descubrir horrorizado la lejanía del saber y no negarse al duelo de uno mismo en este sentido. El miedo se formula de misma forma y manera. El miedo requiere de análisis, de modelar lo impreciso y de un acto de valentía extrema.
Por todo te pido no seas abrigo de los que carecen de sentido. En este mundo de “normales” el instinto los justifica. Ser ignorante y tener miedo es privilegio de los “no normales”, no demos categoría a aquellos que no se la merecen.
Morlanes

Enrique Olcina Juliá dijo...

Carlos, ¡gracias!
Paco , qué placer :). Bueno, en realidad tendría que haber escrito que la "La risa que procede de la burla, como la agresión verbal o la física, en este contexto que estoy comentando, son hijas del miedo no enfrentado que a su vez es hijo de la ignorancia no solucionada" Haciendole la coda a tu puntualización acertada, si considero que, en general, somos ignorantes y miedosos ... quienes nos reconocemos como tales, o en las situaciones que nos reconocemos como tales, nos hace prudentes, si no sabios, y valientes pero no osados :)

Y perdona lo enrevesado de la prosa. Es que estoy leyendo una biografía de Carlos V y se ve que algo se me ha pegado de Simancas :)