Este es un antiguo texto que escribí. Lectura veraniega para reirnos un poco todos ..... Se llega del trabajo con un pollo comprado a última hora y con prisas. Si en la cola de la carniceria una se ha peleado con la maruja a la que se le ha pegado el arroz porque antes de ir a por su Jonatán Maikel o a por su Lorelai de la Esperanza se ha tragado el culebrón en vez de hacer la comida pues mejor, porque el pollo nos sabrá mas sabroso. En la misma puerta nos habrá de recibir nuestro pequeño/a vastago/a tirándonos de la falda o del pantalón, si se os ha ocurrido ese día poneros un traje de chaqueta, pidiéndonos un kinder. Recordad que un kinder son tres cosas en una-chocolate, leche y una sorpresa-. Efectivamente, de chocolate es el colorde las manchas del cojin, la leche es la que os pegáis los demás habitantesde la casa si el niño deja los juguetitos en el suelo y sorpresa fue la última vez que tu pequeñín abrió entera dos docenas de huevas buscando el di-cho-so juguetito. Asi que para lo que le dura y los disgustos que da habeis decidido no volverle a comprar el ovoide chocolateado. Dejais, por lo tanto, al niño en su rehogo consumista asi como media hora, pero echadle un ojo porque si se os va la mano con el rehogo, teneis a Atila toda la tarde en casa. Cogeis el pollo y lo poneis en el banco de la cocina.
Llega la asistenta -si es extranjera mejor, dará un gusto cosmopolita al pollo al Curring- ya maleada de bregar durante toda una santa mañana con un niño -tu hijo, el del kinder- y la casa. Si es española el trámite de despachar los asuntos será rápido, pero si es extranjera echa mano de tu francés, inglés o el polaco que ella te haya enseñado para que podáis hacerlo -el despachar ,se entiende- Puede durar alrededor de media hora. Mientras intentáis entenderos a grito pelado -recuerda que el niño esta en su rehogo y por eso está berreando- sobre que el no, el Fairy no va con la lavadora sino con los platos y tampoco, tampoco se puede poner la ropa blanca y la de color junta porque sino toda la ropa blanca toma un tono rosazulado ideal para la seda de los trajes de Versace pero que queda fatal en la ropa interior de tu marido cuando va al gimnasio y tiene que cambiarse. Presa de un ataque de nervios tu muchacha le grita al niño que, por favor se calle, que lleva toda la mañana asi y el niño comienza a berrear mas, lo que significa que aún le queda un par de minutos de rehogo. Le dices a la muchacha, tú muy tranquila, que no hace falta que grite, mandas al niño a ver la televisión y pones a cocer a la muchacha en el jugo de su frustración mientras le dice que ponga la mesa porque tus dos hijos mayores están a punto de venir y partes el pollo, le pones una pastillita de avecrem y medio limón y al horno, mientras preparas la ensalada cortando pepinos en tirillas y no en rodajas, porque a tus niños mayores les gusta así y no de otra manera, el tomate muy fino y la lechuga muy picada, porque sino no hay manera de que se coman la verdura. El niño berrea un grito ultrasónico en la salita lo que te dice que ya es hora de que lo saques del rehogo -no se lo digas a la muchacha, que está todavía hirviéndose en su jugo, y es capaz de estrangularlo- asi que lo coges, te lo llevas a la cocina y le pones a jugar al juego de ayudar a mamá, el te dirá que no, entonces le mandas a que se quede sentado en un silla y el te dirá que tururú, con lo que esta en su punto para que lo maceres a palos, pero eres una buena madre y te aguantas, porque con ese ingrediente el pollo al Curring te da mala sangre.
Llega la asadura -tus dos hijos mayores en plena edad del pavo, que parece que no van a madurar nunca- de hormonas, discutiendo -¿cuando no estado discutiendo?, te preguntas. Te respondes que cuando planean una trastada, de ahí tu pavor al silencio en casa.- Como es de prever se ponen a hacer el zángano en lugar de ayudarte con la comida y con la mesa, porque ya has sacado a la muchacha de su cocedura de frustraciones y la has puesto a que fría las patatas en la freidora para acompañar al pollo, mientras tu sigues con la ensalada. Primer grito y no responden. Segundo grito y tampoco responde. Tercer grito y pescozón al baño maría para salpimentar a los niños mayores que pones con el niño pequeño que ya ha salido del rehogo y entra en el maleo porque sus hermanos mayores están jugando con el. Los coges y los pones a los tres a caldo -cuidado con el pequeño que ya viene del rehogo y se te puede quemar- en la salita de estar mientras vas a la cocina, la paz recuperada momentáneamente, a ver como van las patatas fritas y a aliñar la ensalada, momento en el que llega tu marido arrebatado del trabajo y empieza a contarte sus problemas y tu paras todo no vaya a ser que te diga que no le escuchas. Mientras alguno de los niños ha salido del caldo y se acerca furtivo a la freidora para pescar patatas, que están ardiendo, y va adobándose con más pescozones de la muchacha, que esta hasta las narices de los niños, de las patatas y de todo. Vuelves a meterlos a caldo en la salita de televisión y le pides a tu marido que le eche un ojo. Cuidado con este paso porque es posible que se te pasen. Tu marido se sienta a leer el periódico y mientras los niños arman el follón en el salón, con lo que evidentemente tu marido no les esta echando un ojo. Vuelves a la cocina -un segundo para coger el hilo de lo que estabas haciendo.....¿la ensalada o el harakiri?- y cuando se ha enfriado la muchacha de su cocimiento en su jugo de frustraciones empieza a llorarte, porque sois amigas y os lo contáis todo. Tu marido se ha quedado frito -que cachaza, a pesar del bullebulle in crescendo de los niños- y tu, claro, no puedes sino atender a la pobre criatura y coserle la confianza. Mientras tanto alguien ha cascado algo, y no precisamente un huevo sino tu jarrón favorito. Mas caldo a la olla de los niños y una pizquita de pimienta al papá que acaba de despertarse sobresaltado, mientras que a la muchacha mucho tranchete para que no se le vaya definitivamente la cabeza antes de recogerte el jarrón. Ahumado en la cocina, pollo quemado y tu te bajas como un sufflé mal hecho. Menos mal que los niños han llamado y han pedido una pizza.
Total, era lo que querían desde el principio, asi que coges, echas el pollo carbonizado a la basura, esperas a que venga la pizza y por una vez das gracias a Dios por la comida basura.

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