Lo de convencer es otra cosa bién distinta. Se convence desde la razón y el corazón, y el camino para convencerlos a ambos es, simplemente, la verdad.
Ya en tiempos de Platón y su mito de la caverna quedó bien claro que la perfección está en el mundo de las ideas, no en el mundo real, entre otras cosas porque después de la perfección sólo puede venir la caida, o si no que se lo pregunten a Federer. No, Aznar no. Lo de Aznar es más bien macbethiano, pero sin sangre.
Lin Miaoke se hizo instantáneamente famosa como ricura con voz angelical en la inauguración de los Juegos Olímpicos, cuando cantó con rostro encendido de infantil alegría y fervor patriota el Himno a la Madre Patria mientras unos pluscuamperfectos y supercoordinados soldados de la Guardia, supongo que Roja, izaban la bandera hasta que al final esta flameaba en un estadio olímpico donde aparte del mastil no corría viento por ningún sitio. Si, ya, de inyección de azucar en vena.
Bueno, pues resulta que como todos sabeis ya Lin Miaoke no cantaba; en realidad lo hacía Yang Peiyi, entre bastidores. Parece ser que en los ensayos anteriores Yang Peiyi, que no tiene la boca perfecta, ni los ojos alegres, ni la carita de dan-ganas-de-comersela-que-ricura-de-niña, no dió para el casting. Uno de los jerarcas pidió que por favor buscaran la niña mas bonita que ninguna. Y a falta de Marisol o Maria Isabel, decidieron hacer este apaño.
Esto me sirve de botón de muestra. La búsqueda de la perfección tiene unos límites. China puede apabullar, vencer y asombrar. Eso es cuestión de dinero y buen gusto. Lo de convencer es otra cosa bién distinta. Se convence desde la razón y el corazón, y el camino para convencerlos a ambos es, simplemente, la verdad. Y quien dice China, dice cualquiera. Al final abre más camino la simple y la pura verdad que la apariencia de perfección, ya que esta no existe.
O no existe de manera continuada en el tiempo. La perfección es como la mentira, son muy similares, y quizá la mentira sea la sombra proyectada de la perfección desde el mundo de las ideas. Se puede pretender ser perfecto para unos pocos todo el tiempo, o ser perfectos para mucho durante un tiempo, pero no se puede ser perfectos para todos todo el tiempo.
De eso en Occidente sabemos bastante. No nos creemos mucho la perfección. Desde los tiempos antiguos hasta ahora la apariencia de perfección ha sido tratada con ironía, cuando no con cinismo o sarcasmo. Tenemos experiencia en sentirnos decepcionados, desde la Revolución Francesa hasta Milli Vanilly, porque entendemos que más alla de cumplir el canon lo genuino resulta imperfecto, y por lo tanto más apreciable. Y lo más curioso es que ese es un concepto importado de Oriente.
Eso si, Yang Peiyi ha tenido su pequeña venganza. Ahora todo el mundo le tiene simpatía y ella dice que estaba allí puesto que era su voz la que realmente sonaba. Y otra cosa que considero que estamos en ventaja: menos mal que nuestro himno no tiene letra. Nos libramos de estos bochornos, que jerarcas chinos no hay sólo en china

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