Yo soy yo

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Enrique Olcina Juliá
Hace tiempo que me definí como una persona básicamente buena y eso provocó la hilaridad de ciertas personas, que, desde un punto de vista hoebbesiano creen que el hombre es un lobo para el hombre. Considerando que los lobos viven en manadas y la mayoría de las veces son muy civilizados ... soy un lobo solitario y bastante educado. Vamos a dejarlo así. Confío en la bondad de mis congéneres y he aprendido a no hacer caso a habladurías pero tampoco a desecharlas de inmediato. He crecido con amor y bofetadas (¿y quién no?) y creo que me he llevado mi parte alícuota de deseo, aventura, lágrimas, tristezas, desencantos, triunfos, vindicaciones y alegrías. Un tipo normal que suele usar vocablos de cuatro sílabas, nada más. Soy optimista, ma non troppo. Tiendo a pensar que las cosas tienen remedio. En las inmarcesibles palabras de Sofía, el personaje de "lalola": "Después de seis meses en que un grupo de niñas me quitara todos los días el bocadillo en el recreo dejé de pensar que las madres de las pobres no les preparaban el bocadillo y empecé a pensar si en realidad no eran un poco hijadeputas". Pues eso...
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miércoles, septiembre 24, 2008

¿Por qué no?

Estás obligado a mirarlo a la cara en la derrota y en el triunfo, pasado el fragor de una batalla, incruenta pero batalla y a reconocerlo como alguien que ha jugado contra ti con el mismo juego de reglas


Juego al rugby.

No soy bueno, no soy un natural, pienso demasiado lo que me hace reaccionar demasiado lento y me aturullo demasiado, mi pase suele ser un suicidio para mi compañero y es únicamente en los últimos seis meses cuando la proporción de balones que caen en mis manos ha superado a la proporción de balones que se me caen al suelo, corro demasiado erguido, si no me concentro hasta dejar la mente en blanco mi cintura es de hormigón, me aturullo demasiado y mi jugada básica, cuando cojo el balón es correr rápido, percutir cuando encuentre un contrario y dejar en el suelo para que mis compañeros recojan el balón. Con el tiempo he aprendido a correr recto, pero hubo un tiempo en que frente a una linea de defensa aquello parecía las primeras escenas de "Bailando con lobos". Trato de ir al intervalo -el espacio mítico entre dos jugadores que es más dificil de traspasar que un ojo de aguja-. En mis ocho años de rugby he marcado únicamente un ensayo en un partido oficial. Eso sí, fue espectacular.

No placo demasiado bién, pero estoy en ello. Se que en mi interior puedo sacar el judoka que hay en mi si me lo tomo con paciencia, pero tranquilidad es lo último que se me pasa por la cabeza cuando me viene encima un tio de 1'85 / 100 kgs de peso con cara de que no existo, de que en su trayectoria sólo existe aire frente a él. No es miedo. Hace tiempo que lo dejé atrás. Es un poquito de impotencia, mezclado con resignación, y un musitado "vamos a ver si esta vez me sale, tú puedes, Enrique". Poco a poco lo consigo, creo. La última vez que me di de bruces, literalmente, con uno de esos, los timpanos estuvieron resonándome cinco minutos. Eso si, cuando volví a tener al tipo enfrente lo plaqué una y dos veces. Eso no fué en un partido oficial, vale, pero lo plaqué. Dos veces, una detrás de otra. Asi que sí, sí puedo

El rugby, como todo deporte, contiene en sí el reto hacia uno mismo, calibrado por la victoria frente al equipo contrario y por la consideración de tus compañero. En el vestuario se dicen las cosas, y cuando uno pisa el campo es para dejarse la piel, ganes o pierdas. Sin chistarle a nadie. Y menos al árbitro, que es vicario de Dios en la tierra durante ochenta minutos. Mientras tanto es hacer, placar, pasar, correr, caer, rescatar, empujar, luchar, y si se tercia y todo ha salido bien, ganar.

Todo eso se hace en otros deportes. En este, sin embargo, estás obligado por la cortesía y la tradición a recibir al contrario después de haberte dado trompadas con él en el campo, a ofrecerle un refrigerio y comida, estás obligado a ser anfitrión (o si visitas, huesped) Estás obligado a mirarlo a la cara en la derrota y en el triunfo, pasado el fragor de una batalla, incruenta pero batalla y a reconocerlo como alguien que ha jugado contra ti con el mismo juego de reglas, respetado escrupulosamente por todos, y ha ganado o perdido, y a respetarlo por eso.

Yo creo que por todo eso juego al rugby.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estás obligado a mirarlo a la cara en la derrota y en el triunfo, pasado el fragor de una batalla, incruenta pero batalla y a reconocerlo como alguien que ha jugado contra ti con el mismo juego de reglas, respetado escrupulosamente por todos, y ha ganado o perdido, y a respetarlo por eso.
Si en la política sucediera los mismo, que bonito sería.

Raphael dijo...

"mi pase suele ser un suicidio para mi compañero"

¡En cuanto me recupere del ultimo pase, hablaremos!

CHANDAIL dijo...

El rugby, como todo deporte, contiene en sí el reto hacia uno mismo, calibrado por la victoria frente al equipo contrario y por la consideración de tus compañero. En el vestuario se dicen las cosas, y cuando uno pisa el campo es para dejarse la piel, ganes o pierdas. Sin chistarle a nadie. Y menos al árbitro, que es vicario de Dios en la tierra durante ochenta minutos. Mientras tanto es hacer, placar, pasar, correr, caer, rescatar, empujar, luchar, y si se tercia y todo ha salido bien, ganar.
SOLO TU CONSTANCIA , TU PUNDONOR Y TUS GANAS DE APRENDER,DE SER UTIL A OTROS 14 HACEN QUE TE RESPETEMOS A TI Y A CUALQUIERA POR MAL QUE SALGAN LAS COSAS.....AL FINAL EL RUGBY ESTARA SIEMPRE,NOSOTROS SOLO ESTAMOS DE PASO.