
El primer ministro italiano revive, posiblemente sin quererlo, y con las salvedades necesarias, un episodio de los primeros años del Imperio romano. De edad avanzada, Tiberio se retiró a la isla de Capri, donde disfrutaba de la compañía de menores. Disfrutaba en el sentido más libérrimo del término y no consta que el goce fuera mutuo. Claro que Tiberio no tenía que enfrentarse a un Estado con separación de poderes, por muy disminuida que esta separación esté en la República Italiana.
Considerando la mania que tiene Il Cavaliere de cortar a su antojo la legislación para que la posibilidad de imputación y condena sea mínima, si no nula, el partido holandés que predicaba la despenalización de la relación entre adultos y menores va a pedir su afincamiento en la bella Italia. Razones no le faltan. Si a ese deseo de escapismo de Silvio se le añade la política revisionista que sobre los abusos a menores ha expresado Mons. Cañizares, y a eso le añadimos la fastidiosa costumbre en los hospicios católicos -que no es que generalice pero da una muestra estadística preocupante- el tal partido holandés tiene que estar ahora mismo frotándose las manos.
Avisados quedamos.
Considerando la mania que tiene Il Cavaliere de cortar a su antojo la legislación para que la posibilidad de imputación y condena sea mínima, si no nula, el partido holandés que predicaba la despenalización de la relación entre adultos y menores va a pedir su afincamiento en la bella Italia. Razones no le faltan. Si a ese deseo de escapismo de Silvio se le añade la política revisionista que sobre los abusos a menores ha expresado Mons. Cañizares, y a eso le añadimos la fastidiosa costumbre en los hospicios católicos -que no es que generalice pero da una muestra estadística preocupante- el tal partido holandés tiene que estar ahora mismo frotándose las manos.
Avisados quedamos.

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