Yo soy yo

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Enrique Olcina Juliá
Hace tiempo que me definí como una persona básicamente buena y eso provocó la hilaridad de ciertas personas, que, desde un punto de vista hoebbesiano creen que el hombre es un lobo para el hombre. Considerando que los lobos viven en manadas y la mayoría de las veces son muy civilizados ... soy un lobo solitario y bastante educado. Vamos a dejarlo así. Confío en la bondad de mis congéneres y he aprendido a no hacer caso a habladurías pero tampoco a desecharlas de inmediato. He crecido con amor y bofetadas (¿y quién no?) y creo que me he llevado mi parte alícuota de deseo, aventura, lágrimas, tristezas, desencantos, triunfos, vindicaciones y alegrías. Un tipo normal que suele usar vocablos de cuatro sílabas, nada más. Soy optimista, ma non troppo. Tiendo a pensar que las cosas tienen remedio. En las inmarcesibles palabras de Sofía, el personaje de "lalola": "Después de seis meses en que un grupo de niñas me quitara todos los días el bocadillo en el recreo dejé de pensar que las madres de las pobres no les preparaban el bocadillo y empecé a pensar si en realidad no eran un poco hijadeputas". Pues eso...
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martes, julio 21, 2009

Matad, si queréis, al mensajero.

Una de las reacciones, la que quizá más me ha movido a la reflexión, con referencia a mi función como portavoz de El Clan del Conejo es la de tristeza al escucharme en la entrevista que hice el lunes en la SER donde hablaba de las críticas que ese grupo del que soy portavoz vertía sobre el Grupo Municipal socialista del Ayuntamiento de Lorca y sobre la Ejecutiva Lorquina. Lo entiendo perfectamente. Tenemos el pudor de tratar lo malo de lo bueno en público, como si no quisieramos manchar, en este caso a la Agrupación Socialista Lorquina, de las batallas y las divergencias, lógicas por otra parte en un grupo.

Así, a bote pronto, la Agrupación Socialista Lorquina está en una adolescencia tardía y difícil, cuyo corazón, como en la obra de Jardiel Poncela, tiene marcha atrás, pero no más alla de una infancia ilusionada pero consciente de sus errores pasados. Supongo que el que haya sido yo, alguien relativamente desconocido y dispensable el que haya hecho eso puede hacer fácil matar al mensajero. Me da igual, la verdad, siempre que lean atentamente el mensaje. Si lo han leído, lo han escuchado y lo han comprendido entonces la vuelta a ese estado de ilusión parecido a la infancia puede ser posible. Y es la mejor ilusión, no la que no tiene una medida aparente, sino serena, confiada, consciente de los límites de que no todo vale, que hay fronteras que, por más que el líder sea carismático y las perspectivas de poder halagüeñas, no se deben cruzar.