Cualquiera que haya leido la trilogía de "Millenium" o la narrativa de novela negra nórdica, principalmente sueca, pudo haber sospechado que en esas sociedades donde se pagan tantos impuestos y donde existe un verdadero Estado de Bienestar que desmontar, donde la gente se suicida tanto ('¡…tanto!' exclamó un meridional . 'Pero es que nosotros los contamos' apostilló tranquilamente el nórdico) y donde no es Ingmar Bergman todo lo que reluce, tenía su lado oscuro, como es lógico, por otra parte, puesto que toda hoja tiene su envés, cada cara su cruz, cada cochón su San Martín y cada sociedad su psicópata…perdón ¿He dicho psicópata? Terrorista. Breivik es un terrorista.
Breivik es un terrorista porque su crimen de terror no corresponde únicamente a un desvarío psicológico interno del tipo de 'no me gustan las mujeres que visten de rojo' o 'los gritos de los niños en el parque encierran un mensaje oculto del diablo' sino que corresponde a un plan establecido. Otra cosa que ese plan de 1.500 páginas este colgado en Internet y sea de un naïf subido, por las 1.500 páginas, que quien se las lee ahora, y por establecer un largo plazo que termina en 2083. Un plan que culmina en 2083 con como está Europa es de ser un bienpensante subido y de un optimista que ni Mariano Rajoy hablando de Camps. No, hombre, no. Terroristas tontos hay en todos sitios y aunque se cobren 90 y poco vidas siguen siendo tontos, y el ser tontos no hace que dejen de ser terroristas. Incluso cuando actúen en solitario.
Porque, claro, el interés en que Breivik sea un psicópata no es baladí. 'Todos somos Breivik' pero el problema es que unos son más que otros. El discurso islamófobo, homófobo, cristianista, supremacista es, además del terrible sustrato ideológico de un terrorista, moneda común de la derecha europea que con sus 'aquí no cabe nadie más' sus 'censos restringidos de inmigrantes' sus 'contratos de ciudadanía' sus 'efecto llamada' sus 'suspendemos Schengen' sus 'vienen a aprovecharse de nuestro estado del Bienestar' -y también sus 'PIGS' y sus 'en el sur no se trabaja' - y sus miles de palabras vertidas para señalar una diferencia de la Naturaleza y de la Historia en lugar de señalar un camino común en la Sociedad lo único que hacen es replicar y alimentar los hilajos de las tertulias de bar a las que más de uno -los que somos mucho menos Breivik- tenemos que asistir, entre atónitos y resignados porque lo que quieres es relajarte tomandote un café y no que se te suba la tensión discutiendo con el patán, porque son patanes, de turno.
Los noruegos tienen que estar preguntándose, al mirarse al espejo, si son una sociedad que crió a Breivik. A la vista está que sí, que lo son, y suponemos que se pondrán manos a la obra para evitar otro Breivik, y que los breiviks que ayudaron a Breivik, si los hubo, acaben en la carcel. Quizá nosotros, españolitos, debiéramos hacernos la pregunta y si al albur de partidos de extrema derecha que tan lindamente campan por nuestro territorio político -marginales y todo lo que tú quieras, pero legales- podemos albergar otro Breivik en nuestro seno. Lo que si es cierto es que, sin ninguna duda, el extremo derecho del partido de derechas de este país sí comparte puntos en común con Breivik y que las portadas digitales y de tinta que mancha de muchos periódicos también. Sólo falta que alguien considere que 'hay que hacer algo' como Breivik, que era respetable, rubio, introvertido, Breivik dueño de una granja biológica.
Y luego vendrán las madresmías
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